El Ayuntamiento quiere potenciar la vida diurna de una zona que se ha ido degradando
LUIS BENVENUTY
El Ayuntamiento de Barcelona ha decidido poner fin a los históricos incumplimientos de la normativa de horarios de los locales de copas del Port Olímpic. Lo hace después de hacer la vista gorda durante años. En respuesta –después de que el pasado lunes la Guardia Urbana precintara durante un mes su negocio por sus reiterados incumplimientos a la hora de cerrar– el dueño de una coctelería del lugar, la Ok Dance, inició hace cinco días una huelga de hambre. La consecuencia es que a Rafael Jiménez le duelemucho la cabeza por las tardes, pero por ahora se encuentra bien. Ayer, el propietario viajo a Madrid para participar en un programa del canal televisivo Intereconomía. La Ok Dance acumula cuatro actas administrativas.
Y es que durante lustros la mayor parte de los bares del Port Olímpic cerró cada noche en torno a las cinco de la mañana, un par de horas más tarde de lo que establecían sus licencias como bares musicales. Hace algo más de un par de años, con la intención de acabar con los incumplimientos y normalizar esta zona de ocio nocturno donde la violencia, la delincuencia y el incivismo no cesaban de crecer, el Consistorio elaboró un nuevo plan de usos que obligaba a los negocios que quisieran cerrar al alba a tramitar una licencia de discoteca.
La medida no fue bien recibida por los empresarios, principalmente por los gastos que les acarreaba, y algunos de ellos incluso fueron a la huelga.
A finales de 2007 la Guardia Urbana constató que la mayoría de locales aún incumplía le ley de horarios. "Pero a la postre", explicó ayer Francesc Narváez, concejal del distrito de Sant Martí, "la mayor parte de los hosteleros hicieron las obras correspondientes y acondicionaron sus locales para cumplir los requisitos y poder abrir de manera legal como discoteca, como se hace en el resto de la ciudad. Actualmente, de los 17 negocios nocturnos del Port Olímpic, sólo dos carecen de esta licencia, y uno de ellos la está tramitando". El otro es Jiménez, quien reclama sus derechos históricos.
"Yo no tengo una discoteca, tengo una coctelería", argumentó Jiménez en su local, "de modo que no tiene lógica que necesite una licencia de discoteca. Y llevo toda la vida cerrando a las cinco de la mañana, desde 1993, sin generar problemas ni molestias... La cuestión es que al Port Olímpic la gente viene a tomar una copa a partir de la una y media, y el local no puede salir adelante funcionando únicamente una hora por noche. Lo único que pido es trabajar como he trabajado siempre. Quiero que me legalicen, pero no quiero ser una discoteca".
Jiménez ha instalado en las puertas de su local varias pancartas con lemas como: La incomprensión del concejal Narváez me arruina o Negociáis con piratas y terroristas y a los empresarios nos tratáis como delincuentes. "La huelga de hambre es la única salida que me queda", aseguró el empresario mostrando una carta de Pobasa, la empresa que gestiona el Port Olímpic, donde puede leerse que no encuentra ningún impedimento para que se equipare su horario al de otros locales que realizan actividad de discoteca. Mientras, el edil Narváez hace un balance positivo de la evolución de las noches del Port Olímpic los dos últimos años. "Ya no se producen quejas vecinales y entendemos que la seguridad ha mejorado mucho".
Las primeras noches del Port Olímpic, allá por mediados de los años noventa del pasado siglo, fueron las más ambientadas de Barcelona, pero por poco tiempo. Pronto los porteros malencarados, las palizas, los atracos y la presencia de armas degradó rápidamente el recinto. En los últimos tiempos, los episodios más truculentos han venido enrareciendo la situación, pero el Port Olímpic no ha dejado de ser uno de los objetivos de los carteristas y de los ladrones al despiste, entre otros.
"El Port Olímpic se ha consolidado como oferta de ocio nocturno", retoma Narváez, "pero también llevamos tiempo tratando de potenciar el mar y su gastronomía y la vida diurna". En este sentido, tal y como avanzó La Vanguardia, a fin de recuperar su antiguo esplendor y acercar el lugar a los barceloneses, el Ayuntamiento tiene previsto ubicar en el muelle de Marina un equipamiento cultural con una exposición permanente en colaboración con la ONCE, la sede de Turisme de Barcelona y las oficinas del Gremi d'Hotels. Además, de manera reciente se acondicionó el local que ocupa el Club Municipal de Vela.
La Vanguardia.com
30-01-2010