La ciudad recupera la espectacular construcción del arquitecto Antoni Bonet, que se halla en obras
Una exposición reúne nueve proyectos artísticos sobre el barrio y el edificio a un año de su apertura
GEMMA TRAMULLAS
BARCELONA
Hasta febrero del 2006, el cronómetro midió los galgos más veloces entre los cerca de 700 ejemplares que corrían en el antiguo canódromo de la Meridiana, situado en la frontera entre los barrios del Congrés e Indians. Cuatro años después de la última carrera, el cronómetro ha vuelto a ponerse en marcha en el mismo espacio, pero esta vez para medir otro tipo de competición: la carrera hacia la inauguración del nuevo Canòdrom Centre d’Art Contemporani de Barcelona. Con las obras de rehabilitación del espectacular edificio de Antoni Bonet a medio hacer, con el consorcio que debe gestionar el nuevo espacio aún por crear y con el primer director a la espera de que le otorguen poderes para actuar como tal, ayer abrió la público la primera exposición: Canòdrom 00:00:00.
Desde la sección rehabilitada de la terraza y el porche, el público puede disfrutar ya de la singular construcción de Antoni Bonet, que ganó el premio FAD de arquitectura en 1964 y cuyo valor ha permanecido oculto desde entonces.
Además, también se exponen nueve proyectos artísticos que recuerdan la antigua función del edificio como canódromo y celebran su diseño y su relación con el barrio.
SILLAS ‘BUTTERFLY’ / En un extremo de la terraza, se han dispuesto varias sillas Butterfly, un modelo diseñado por el mismo Bonet y llamado así por su forma de alas de mariposa. Desde esta poltrona pueden verse algunas de las ideas presentadas en Canòdrom 00:00:00: las banderolas con galgos rojos ondeando al viento (de Ana de Matos), las pancartas colgadas en los balcones con fotografías del barrio que un invidente tomó accionando la cámara digital que transportaba su perro guía (Albert Gusi) y un inflable que simboliza la primera piedra del Canòdrom, cuyo uso final aún está en el aire (Jordi Mitjà).
Hay que levantarse de la silla para explorar el proyecto de Xavier Arenós, ubicado en lo que será la cafetería del centro y en el descampado donde antes estaba la pista de galgos. Arenós ha enterrado bajo la pista la maqueta original del primer edificio que el arquitecto catalán Antoni Bonet (discípulo de Sert y de LeCorbusier) proyectó en Buenos Aires, tras exiliarse en Argentina. La casa de estudios para artistas, de1939, descansa ahora junto al Canòdrom, de 1963, la construcción que simboliza el retorno definitivo de Antoni Bonet a Catalunya.
El suizo Moritz Küng –que en diciembre pasado ganó el concurso para dirigir el nuevo centro de arte contemporáneo pero que, dadas las circunstancias, ayer se definía más como «asesor» que como director– se distanció de los nueve proyectos expuestos: «Es un gesto que me parece muy bien pero no es lo mismo que yo voy a desarrollar», dijo. Lo que Küng va a desarrollar exactamente en el Canòdrom sigue siendo un enigma más allá de las etiquetas de «arte contemporáneo» y «orientación internacional». Prometió que iba a desvelar su plan en mayo.
- Al fondo, el proyecto de Ana de Matos. Foto: danny caminal
- Pancarta que integra el proyecto de Albert Gusi. Foto: danny caminal
- Inflable que simboliza la primera piedra de Canòdrom, obra del artista Jordi Mitjà. Foto:
La inauguración oficial está prevista «hacia finales de este año» (según Ignasi Guardans, presidente del Consell Nacional de la Cultura y de les Arts) o «en marzo del 2011» (según la vicepresidenta, Pilar Parcerisas). Para entonces, los artistas tendrán a su disposición 2.200 metros cuadrados y un presupuesto inicial de 1,5 millones de euros, que es la suma del presupuesto destinado al antiguo Centre d’Arts Santa Mònica y a La Capella, las dos instituciones que convergen en el Canòdrom.
elperiodico.com
13-04-2010