• El ayuntamiento cree que las multas por el uso incívico del Bicing son "anecdóticas"

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Las asociaciones de ciclistas piden una implantación más progresiva
El Bicing de BCN supera los 100.000 abonados y se abre a toda la ciudad
La opinión de los usuarios bajo la lluvia
A. O.
BARCELONA
La corta pero intensa historia del Bicing lo convierte en un típico producto made in Barcelona. Es decir, nacimiento con controversia política, desarrollo inicial improvisado con críticas ciudadanas y fases de muerte de éxito, y consolidación final interpretada en clave interna como modelo a seguir en el resto del planeta.
Un objetivo que, tal y como insistió ayer el alcalde, no incluye dar un servicio ininterrumpido las 24 horas de los 365 días del año, ante la necesidad de contar con unas horas de descanso para garantizar el mantenimiento. El sistema vio la luz el pasado 22 de marzo, a dos meses de las municipales y en medio de una tensa polémica en el entonces tripartito de gobierno. El ahora socio preferente de la oposición, ERC, acusó al alcalde Jordi Hereu (PSC) de llevarse todos los honores de una iniciativa incluida en una de las áreas controlada por los republicanos. Una discusión contaminada por las presuntas preferencias de unos y otros hacia las dos multinacionales que tenían la posibilidad de explotar el servicio.
En su primera jornada de andadura, de los 351 usuarios apuntados, solo 190 habían activado la tarjeta, una primera disfunción a la que pronto siguieron otras derivadas del boom ciudadano por la iniciativa. El éxito imprevisto de la misma convirtió durante el verano en una odisea conseguir un vehículo en el centro y las playas. En julio se llegó a los 80.000 abonados, seis veces más de lo previsto para todo el 2007, lo que obligó a replantear el servicio.
ALUD DE CRÍTICAS
Los problemas informáticos e informativos, el uso abusivo de las tarjetas por los turistas, las averías, los desperfectos incívicos --tildados ayer por el ayuntamiento de "anecdóticos"--, las luces y los problemas de mantenimiento, han generado numerosas críticas de los usuarios. Estos no han sido los únicos. Las asociaciones de ciclistas piden consolidar una red real de carril bici, y los peatones denuncian el aumento de velocípedos, en muchas ocasiones con conductores inexpertos, y el incremento de conflictos entre ambas partes.
Como también es tradicional en el modelo Barcelona, una ordenanza intenta poner orden desde septiembre, con un éxito relativo. Ya solo falta que lo filme Woody Allen.
El Períódico