La vía BCN-Girona, que ayer registró retrasos, se perfila como el eslabón débil en los próximos meses
La proximidad de los trabajos de la alta velocidad con el resto de líneas inquieta a los responsables
CRISTINA BUESA
BARCELONA
La bienvenida tras las vacaciones no pudo ser peor ayer para cientos de usuarios de la red ferroviaria. Una avería en un tren a primera hora afectó a la C-2 de Cercanías y a la línea Barcelona-Girona-Figueres. Retrasos de casi una hora amargaron el regreso al trabajo a los ya cansados pasajeros de estos recorridos. «Renfe no ha dado ni una semana de tregua», se quejaba uno. Pero lo peor podría estar por llegar: la simultaneidad de obras en la infraestructura –AVE, tercer raíl y mejoras en Cercanías– en los próximos meses hace temer un otoño caliente a los responsables del servicio (y al público, claro).
El de ayer no fue un fallo en la infraestructura, sino en un convoy. No fue culpa de las obras, pero sí volvió a perjudicar a los viajeros últimamente más afectados por ellas. Un tren que iba sin pasaje se quedó parado en las vías de la estación de Sants.
Por fortuna para el resto de clientes, el incidente solo impidió la circulación normal en la C-2 y en los trayectos de Media Distancia que van al norte. Las demoras en Cercanías alcanzaron los 20 minutos de media, mientras que en los servicios a Girona registraron hasta 50.
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el periodico
3/9/2009